Resident Evil: la tiniebla infinita, ¿animación o trama?

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Resident Evil: la tiniebla infinita, ¿animación o trama?, una de las interrogantes que surge entorno al estreno en Netflix de la nueva miniserie de la célebre franquicia de survival horror de Capcom.

La cuarta entrega de CGI, producida por Tokyo Movie Shinsha Entertainment y animada por Quebico, reúne nuevamente a Leon S. Kennedy y Claire Redfield, implicados esta vez en una conspiración dentro de la Casa Blanca que podría desatar la guerra contra China a causa de la creación de armas biológicas.

En la línea temporal de la icónica saga de zombis, Resident Evil: la tiniebla infinita se sitúa entre RE4 y RE5; tras haber salvado a la hija del presidente, Leon es convocado para investigar los hackeos en la residencia oficial; mientras tanto, Claire busca información sobre la aterradora matanza ocurrida en la ficticia nación de Penamstan seis años atrás.

Desde el inicio la trama avanza con lentitud, develando pausadamente el curso de los acontecimientos (que al final resultan previsibles), no obstante, en los últimos capítulos se precipita violentamente y la expectativa generada no alcanza el clímax. La línea argumental, por su parte, es quizá uno de los aspectos más atractivos de esta entrega, pues presenta el tema del Apocalipsis desde una perspectiva mucho más reflexiva y realista.

En primera instancia, la creación de las armas biológicas y la lucha contra las farmacéuticas pasan a segundo plano para evidenciar la corrupción, crueldad y perversión de la humanidad, capaz de concebir el exterminio de su propia raza a través de los medios más siniestros y retorcidos y no descansar hasta lograr su cometido. De ahí el título tan acertado que lleva la serie.

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Por otro lado, el rol de los protagonistas (Leon en particular) no se reduce al autómata exterminador de zombis, sino que se muestran introspectivos y a través del diálogo transmiten el horror y la desesperación ante el peligro eminente. El monólogo reiterativo de Jason sobre el miedo constituye la esencia de Resident Evil: la tiniebla infinita, pues todo gira alrededor del origen del terror y su propagación.

Aquí es donde entra el arte de la animación. La atención al detalle es impresionante, tanto en los acercamientos a los personajes como en los planos generales, se aprecia un trabajo estilizado (en general) cargado de un realismo asombroso. El manejo de luces y sombras, en conjunto con la banda sonora, le añaden ese toque sobrecogedor tan característico de la franquicia de videojuegos que nos hace sentir en carne propia el survival horror.

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Cabe señalar que la miniserie no contiene escenarios montados para exterminar hordas de zombis, y aunque las escenas de acción son muy pocas, cada una es aprovechada al máximo, mostrando ataques violentos con derramamiento de sangre y buenas dosis de gore.

En resumen, Resident Evil: la tiniebla infinita es una miniserie tanto para neófitos como para fanáticos; presenta una historia autosuficiente por lo que no precisa tener conocimientos de los videojuegos para verla, y aunque funge como nexo entre dos grandes entregas de la saga de Capcom, no alcanza la plenitud, quedándose justamente a medio camino entre la animación y la trama.

 

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